Cómo "Bum Bum" Becker impulsó la mano de plátanos | Itineraries of taste

Cómo "Bum Bum" Becker impulsó la mano de plátanos

Cómo "Bum Bum" Becker impulsó la mano de plátanos

Durante dos semanas cada verano, el Campeonato de la Asociación de Tenis de Hierba de Wimbledon, al suroeste de Londres, se convierte en el escenario de gente que come fruta de manera intensa, casi competitiva. En los puestos, los fans del tenis engullen fresas –aproximadamente dos millones durante los quince días de 2015, bañadas en 7.000 litros de nata y acompañadas con 28.000 botellas de champán Lanson. Pero en la pista la reina es otra fruta: el plátano.

El último año, se llevaron 15.000 plátanos solo para los jugadores; teniendo en cuenta que hay un total de 256 personas compitiendo en los torneos masculino y femenino individuales eso es más de 50 unidades por tenista –o incluso más, puesto que la mayoría quedan eliminados en las primeras rondas. El predominio de esta fruta en este deporte se debe, en gran medida, a un hombre, una leyenda de Wimbledon que electrizó el juego en los años 80: Boris Becker.

Fue en julio de 1985 cuando Becker captó la atención, por primera vez, de todo el mundo. Su pelo rojo fuego y su aspecto de chaval desgarbado de 17 años llamaron la atención de los fans del tenis tras su inesperada victoria en la Final de Wimbledon. Se convirtió en el ganador más joven de este prestigioso torneo, además del primer alemán y el primer tenista que no era cabeza de serie (jugador que los organizadores no habían situado entre los 16 primeros) en hacerlo, y en dicho proceso se consolidó como la nueva estrella de este juego.

Becker describía Wimbledon como el "Monte Everest" del tenis. Para un jugador que no es cabeza de serie es casi un obstáculo insuperable. Y, sin embargo, en 1985, Becker lo escaló en su primer intento, venciendo a Kevin Curren, de 27 años y octavo cabeza de serie, 6-3, 6-7, 7-6, 6-4, con 28° C en la Pista Central.

Las cosas nunca volverían a ser iguales tras el ascenso meteórico de Becker. Su victoria marcó el final de la vieja y estirada Wimbledon y allanó el camino al deporte profesional moderno tal como lo conocemos hoy en día. Pero junto a su emoción, su carácter atlético, sus teatrales caídas y reveses, por lo que se recuerdan más las apariciones de Becker en Wimbledon es por su forma de comer plátanos.

Boris Becker nació en Leimen, una ciudad de la antigua Alemania Occidental, el 22 de noviembre de 1967. Siendo niño, empezó a jugar al tenis con 8 años en el centro de tenis local, fundado por su padre, arquitecto de profesión. Su servicio rápido y preciso y su agresiva volea en la red se convirtieron en la base de su juego, haciéndole ganarse cierta reputación y el apodo de “Bum Bum” Becker.

El año después de su ardiente debut en Wimbledon, Becker volvió a ganar de nuevo, derrotando al número 1 mundial, Ivan Lendl, en 2 sets. Alcanzó la Final de Wimbledon siete veces a lo largo de su carrera, ganando tres veces en total.

Durante la década de dominio de Becker (su última aparición en una Final de Wimbledon fueen 1995), una de las imágenes más memorables es la de él zampándose plátanos en la Pista Central entre set y set. En muchos aspectos, el plátano es el alimento ideal para los tenistas. Es fácil de llevar y se pela rápidamente. Y un plátano medio, de 126 g, está lleno de energía: tiene un montón de calorías, 111 por unidad, en tres formas de hidratos de carbono (sacarosa, glucosa y fructosa), además de una alta concentración de potasio, que ayuda a prevenir los tirones musculares.

Pero Becker realmente no fue el primer tenista que adoptó esta fruta amarilla. El australiano Ken Rosewall era conocido por comer el siempre original plátano en la pista en los años 60, el entrenador de John McEnroe tenía un cubo lleno de ellos en la pista durante el entrenamiento en su Academia de Port Washington en los años 70 y Martina Navratilova adoptaba el plátano a principios de los 90 como arma fundamental en su arsenal tenístico. Pero Becker fue sin duda el jugador más llamativo y exitoso en blandir uno enfurecido y sirvió de modelo a Rafael Nadal, Roger Federer, Caroline Wozniacki y Venus Williams, los cuales han sido vistos, todos, zampándose plátanos en la pista.

Maria Sharapova se vio incluso implicada en una controversia durante el Open de Estados Unidos de 2006, cuando su padre, Yuri (que era también su entrenador), blandió uno ante ella para recordarle que debía comer algo, lo cual hizo siguiendo sus órdenes. Preguntada sobre la cuestión (actuar como entrenador durante un partido estaba en contra de las normas), Sharapova se quejó: “Acabo de ganar el Open de Estados Unidos ¿y me preguntáis por un plátano?”

El número 1 británico, Andy Murray, es una excepción en la brigada platanera de Becker. En su autobiografía de 2008, Coming of Age (Mayoría de Edad), admitía que no le gustaban mucho, escribiendo: “Para ser honesto, pienso que el plátano es una fruta penosa… Soy más un chico de melocotones y ciruelas”. Aunque se vio a Murray comiendo plátanos en el Open de Australia de 2013, en el cual derrotó a Roger Federer.

Fuera de pista, la defensa de Becker de los plátanos también tiene un profundo significado político. Para los alemanes, el plátano era un símbolo de la división del país tras la guerra y, posteriormente, de su unidad; y era una forma sencilla de mostrar la riqueza de Alemania Occidental comparada con la pobreza de la Oriental.

Bajo el Régimen Comunista, el plátano desapareció de Alemania Oriental durante 40 años (aunque en los últimos años se podía encontrar por Navidades gracias a cargamentos procedentes de Cuba). En sus memorias de 1992, el líder de la antigua Alemania Oriental escribía “los ciudadanos de la República Democrática Alemana puede ser que no tuvieran siempre plátanos bajo el dominio socialista, pero podían confiar en tener trabajo y seguridad”. Cuando los alemanes del Oeste visitaban a sus familias y amigos en el Este, a menudo les llevaban manos de esta valiosa fruta como regalo.

En cualquier caso, en Alemania Occidental, el plátano fue un símbolo de fuerza y éxito. En julio de 1957,  el Canciller Konrad Adenauer permaneció fuera del Bundestag blandiendo un plátano que describió como el “maná del paraíso”. Acababa de volver de unas conversaciones en Roma donde se le garantizó, en el tratado fundacional de la Comunidad Económica Europea (predecesora de la UE), que los alemanes del Oeste podrían importar cantidades ilimitadas de plátanos sin aranceles. “Representa una señal de esperanza para muchos de nosotros y ¡una necesidad para todos!”, declaró.

Cuando finalmente cayó el Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 – cinco años después del primer triunfo de Becker en Wimbledon y solo unos meses después de su tercera victoria– el plátano era un símbolo importante de la reunificación. Pegatinas en el parachoques representando dos plátanos que formaban la letra “D” de “Deutschland” (Alemania) aparecieron en los coches junto a eslóganes que decían “German Banana Republic, RIP” (DEP la República Bananera Alemana).

En los años desde su retirada, la influencia "frutal" de Becker también se extendió más allá del tenis. En una entrevista reciente, Matthew Bellamy, cantante líder del grupo Muse, el cual llenaba estadios, reveló que era un fan del plátano gracias al alemán. “Como plátanos antes de cada concierto”, dijo. “Cogí la costumbre viendo a Boris Becker jugar cuando era pequeño. Cuando ganó Wimbledon, se atiborraba de plátanos entre los juegos. Yo pensé: Deben ser su arma secreta.”

También recomendamos

X