Los Beatles y los huevos revueltos | Itineraries of taste

Los Beatles y los huevos revueltos

Los Beatles y los huevos revueltos

¿Qué hubiera pasado si Paul McCartney nunca hubiera creado la letra de Yesterday? Una de las canciones más versionadas de la historia de la música estaría languideciendo como un bonito pero extrañamente cómico panegírico a uno de los platos de desayuno más reconfortantes, los huevos revueltos.

De hecho, Scrambled Eggs (Huevos Revueltos) fue el título que McCartney le dio a la melodía, la cual, dijo, le vino a la cabeza casi completa, en un sueño, una noche de 1963. McCartney, a los veintiún años, vivía en un desván que asomaba a Wimpole Street, una preciosa hilera de edificios georgianos paralela a Harley Street, en el centro de Londres. La casa era el hogar de la familia de su novia, Jane Asher, a la que McCartney había conocido cuando la actriz de 17 años entrevistó a los Beatles en un concierto en el Royal Albert Hall en abril de aquel año.

Fue tanto la comida como el amor los que le llevaron al joven de Liverpool a vivir en la casa de cinco plantas de los Asher junto con los padres y dos hermanos de Jane. Cansados de estar en habitaciones de hotel compartidas en sus viajes, cada vez más frecuentes, a Londres, los Beatles se fueron a vivir juntos, compartiendo un apartamento en Green Street justo al lado de Park Lane (y no muy lejos de los Ashers). A pesar de tener, finalmente, su propia habitación, McCartney odiaba el ambiente austero del apartamento alquilado y escasamente amueblado. Echaba de menos el acogedor confort de su infancia en Allerton donde, tras la muerte de su madre cuando tenía 14 años, varias tías se turnaban para cocinar a Paul, su padre y a su hermano Michael.

La madre de Jane Asher, Margaret, profesora en la Guildhall School of Music and Drama, daba clases de oboe en el sótano de Wimpole Street y cocinaba, todos los días, para la familia. De todas formas, Jane –que se convertiría en una reconocida repostera en los años 80– más tarde recordaría que su madre no era una cocinera particularmente intrépida. En 2013, le contó al Daily Telegraph lo siguiente: “Cuando era pequeña, nuestras comidas se basaban en carne y dos vegetales pasados de cocción y, de vez en cuando, arenque ahumado. No estaba permitido nada arriesgado como el ajo o la guindilla. Lo más exótico que probé eran los huevos al curry de mi madre: huevos duros partidos a la mitad y cubiertos con una salsa blanca con sabor a curry en polvo.”

No obstante, era el toque reconfortante de la sencilla cocina de Margaret Asher lo que le llevó a aceptar su oferta de trasladarse al desván vacío de la familia. Tal como él mismo recordaría, “Era un hogar tan agradable, en lugar de un frío apartamento –¡y Margaret Asher cocinaba!”.

Tal vez fuera la atmósfera musical y su buena alimentación los que le llevaron a McCartney a su crucial sueño con la melodía de Yesterday. Salió de la cama una mañana y en el piano que tenía al lado marcó el ritmo de los inolvidables acordes que todavía tenía en su cabeza. Convencido de que debía ser una de las antiguas melodías de jazz que escuchaba su padre, McCartney tocó la canción para todo el mundo que conocía para ver si ellos conseguían reconocerla.

Una tarde, estaba tocando la melodía en el apartamento de una actriz y cantante llamada Alma Cogan. En cuanto se sentó a tocar los acordes, todavía sin letra, a Cogan y su hermana Sandra, su madre entró en la sala de estar y preguntó si alguien quería huevos revueltos. McCartney puso unas palabras a la melodía de fondo, improvisando la siguiente estrofa, “Oh baby how I love your legs”. No está claro en cuál de las tres mujeres Cogan se inspiró para este verso, pero los huevos revueltos–como suele ocurrir si no se les pone mantequilla o se revuelven lo suficiente– se pegaron. No fue hasta un viaje a Portugal, más de un año y medio más tarde, cuando a McCartney, finalmente, se le ocurrió la letra de Yesterday, y ya no quedó ni rastro de los huevos.

No es que la comida se eliminara sistemáticamente de las canciones de los Beatles. En 2001, el estudioso americano de grupos musicales Martin Lewis analizó 1.800 grabaciones del material de los inicios de los Beatles hasta sus carreras en solitario y descubrió que la palabra vinculada a la gastronomía que más mencionaban en sus letras era honey (miel).

Entre tanto, un goloso se convirtió en la base de la canción Savoy Truffle, de 1968, de George Harrison. Harrison había observado la afición de su amigo Eric Clapton al chocolate, a pesar de que sus dientes se estaban pudriendo, lo cual le producía dolores continuos, y a pesar de que había recibido también la advertencia del dentista de que debía de dejar de comer azúcar. La canción de Harrison finaliza con una insinuación siniestra: “But you'll have to have them all pulled out/ After the Savoy truffle.” (Tendrán que sacártelos todos/tras la trufa del Savoy).

Las creencias, en cuanto a la dieta, de Harrison influyeron en gran medida en el resto del grupo. Fue el primero en hacerse vegetariano en 1965 y fue el más firme militante, prohibiendo todo tipo de carne y de pescado en su casa. Una de sus recetas favoritas –recogida en el Rock and Roll Cookbook (Libro de Recetas del Rock and Roll) de 1980 por la exmujer, Mary, de Peter Frampton– se denominaba Lentejas Dark Horse (llenas de comino). En ese mismo libro, Ringo Starr daba las instrucciones a Frampton con respecto a su comida favorita, "Vete a tu fish & chips favorito. Pide cod and chips (bacalao y patatas fritas). Añade sal y vinagre al gusto. ¡Cómelo con las manos para obtener el mejor resultado!". Starr, que sufrió peritonitis de pequeño, tuvo grandes problemas con la comida india picante cuando el grupo viajó al Rishikesh ashram en 1968 y sobrevivió, aparentemente, con judías cocidas que se había traído en la maleta y, por supuesto, muchos huevos. Yoko Ono convenció a John Lennon para que adoptara la dieta macrobiótica a finales de los años 60 y la pareja visitaba frecuentemente el restaurante Seed, inaugurado en 1968 en el sótano del Hotel Gloucester de Westbourne Terrace por Craig Sams, el cual, más tarde, crearía el Green & Black’s chocolate. Compartiendo gustos con Terence Stamp y Marc Bolan, la pareja parece haber comido platos de arroz y vegetales en Seed sentados en cojines y con mesas realizadas con bobinas de cables eléctricos. (A pesar de las restricciones de la dieta, Lennon nunca pudo abandonar totalmente sus adorados desayunos con frituras y pizza para llevar).

McCartney se convertiría en el vegetariano más famoso de los cuatro, renunciando totalmente a la carne a principios de los años 70 tras casarse con Linda Eastman. De todas formas, sus gustos sencillos de la infancia no cambiaron totalmente y Linda creó sus salchichas y pasteles vegetarianos de marca registrada en respuesta al deseo de Paul de rellenar lo que el definía como “El agujero en medio del plato”. Y el recuerdo de Yesterday todavía seguía vivo en el título que McCartney le dio al álbum final de los Wings, de 1979, Back to the Egg. A pesar de su famosa canción, I am the walrus, ninguno de los Beatles fue nunca precisamente una morsa –pero parece que McCartney, al menos, pasó algo de tiempo siendo un eggman (hombre huevo).

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