Por qué Einstein era relativamente vegetariano | Itineraries of taste

Por qué Einstein era relativamente vegetariano

Por qué Einstein era relativamente vegetariano

Con su pelo revuelto y sus ojos llenos de vida, el físico teórico que propuso la ecuación más famosa del mundo –E=MC2 [al cuadrado] –se ha convertido en el arquetipo de los genios, científicos locos y profesores excéntricos en todo el mundo.

Cuando se habla del genio de Einstein, inmediatamente uno se pregunta de dónde le viene. Muchos vegetarianos apuntan a su dieta, señalando al científico alemán como uno de los suyos. Después de todo, si eres lo que comes y Einstein era un genio, querrás tener aunque sea un poquito de lo que él tenía, ¿no? De hecho, la relación de Einstein con la comida era bastante complicada y estaba influida tanto por sus circunstancias personales–al moverse por diversos países antes de asentarse definitivamente en EE.UU. en 1933–como por las fuerzas externas, políticas y sociales, que regían Europa durante los años 20 y 30.

El vegetarianismo, la práctica de abstenerse de comer cualquier tipo de carne, data, al menos, de la Grecia Antigua y tal vez incluso del siglo VII A.C. Se piensa que el gran matemático Pitágoras había sido vegetariano (puede que incluso estudiara en una escuela vegetariana) y la parte final de la Metamorfosis de Ovidio, una apasionada súplica para que la humanidad se transforme en una especie mejor que respete la vida de las personas y los animales, la realiza el personaje llamado Pitágoras.

Uno puede imaginar que Einsein, pacifista muy activo, firmaría esta tesis. En una carta que data del 27 de diciembre de 1930, Einstein resumía su propia visión de esta filosofía y su petición: “Aunque circunstancias externas me han impedido seguir estrictamente una dieta vegetariana, siempre he sido un gran defensor de los principios de esta causa. Además de estar de acuerdo con los objetivos del vegetarianismo por razones estéticas y morales, pienso que la forma vegetariana de vivir, meramente por su efecto físico en el temperamento humano, tendría una influencia muy beneficiosa en toda la humanidad.”

De todas formas, entre los años 20 y 30, Einstein no podía cuidar su dieta. En1917, se le había diagnosticado una enfermedad grave del estómago–a la cual no ayudó la escasez de alimentos durante ese periodo–que le volvió a afectar varias veces durante su vida. En aquella ocasión, un médico le recetó una dieta de cuatro semanas de arroz, macarrones y zwieback, pan horneado dos veces y delicadamente crujiente que se come en Europa Central y del Norte. En esos momentos, Einstein, que había nacido en Ulm, Alemania, en 1879, estaba viviendo en Suiza. Su padre se había trasladado con su familia a mediados de los años noventa del siglo XIX y fue en Zúrich donde finalmente Einstein recibió su educación reglada y empezó a desarrollar sus revolucionarias teorías.

Aunque su corazón parecía inclinarse por el vegetarianismo, comía carne y las salchichas con lentejas eran su plato favorito. Una historia cuenta cómo Einstein, volviendo a su laboratorio desde una cafetería del lugar, decidió comprar hígado de ternera para que la mujer de su compañero de trabajo no tuviera que ir a la compra. De vuelta al laboratorio, ella se puso a cocinar el hígado en un mechero Bunsen.

“¿Qué haces?”, le preguntó Einstein. “¿Estás hirviendo el hígado en agua?”Cuando ella reconoció que eso era la lo que estaba haciendo, Einstein le comentó: “El punto de ebullición del agua es demasiado bajo. Deberías utilizar una sustancia con un punto de ebullición más alto, algo como mantequilla o grasa.”A partir de entonces, la necesidad de freír en lugar de hervir el hígado se denominó, entre sus amigos, la “teoría de Einstein”. En los años 30, Einstein entabló una curiosa amistad con el Rey Alberto y la Reina Isabel de Bélgica cuando viajaba a una conferencia. Einstein y la reina coincidían en su amor por la música–parece ser que él tocó una pieza de Mozart para ella en su violín–e intentó explicarle su teoría de la relatividad.

En octubre de1930, estaba en Bruselas para un congreso y se pasó a ver a los reyes al Palacio de Laeken. Tocaron música y cenaron juntos. “Disfruté de una cena con la realeza a solas”, Einstein comentó posteriormente, “sin servicio, comida vegetariana, espinacas con huevos fritos y patatas, simplemente eso. Me gustó mucho.”

A Einstein –un hombre que podía estar tan absorbido por su trabajo que se olvidaba incluso de comer–le atraían particularmente los platos simples. Su mujer, Elsa, le recordaba que debía comer, diciéndole: “La gente tiene siglos por delante para investigar sobre cosas pero tu estómago no, él no esperará siglos.”

Einstein y sus amigos Maurice Solovine y Conrad Habicht, fundadores en 1902 de la Academia Olympia–un grupo que se reunía en el apartamento de Einstein en Berna para debatir sobre filosofía y física–subsistieron a base de salchichas, queso Gruyère y fruta. Pero para celebrar el cumpleaños de Einstein, sus amigos le sorprendieron sirviendo tres platos de caviar en la mesa. Cuenta la historia que estaba tan absorto debatiendo sobre el principio de inercia de Galileo que comía bocado tras bocado de esta exquisitez hasta que, finalmente, Solovine le preguntó: “¿Te das cuenta de lo que has estado comiendo?”

“Por el amor de Dios,”respondió Einstein. “¡Así que ese era el famoso caviar! Bueno, si ofreces alimentos gourmet a palurdos como yo, no los apreciarán.”

No fue hasta que se aproximaba el final de su vida cuando Einstein logró adoptar una dieta vegetariana más estricta. Para entonces, rondaba los setenta años y llevaba viviendo en Princeton, en EE.UU., durante más de dos décadas. Famoso científico a nivel mundial, reconocido con el Premio Nobel de Física en 1921 y receptor de otros muchos premios, galardones y doctorados desde entonces. Seguía teniendo problemas de estómago y, en 1948, su salud comenzó a empeorar.

Una cirugía exploratoria reveló un aneurisma en la aorta abdominal que no se pudo eliminar.

“Siempre he comido carne de animales con cierto cargo de conciencia”, escribía en una carta a un amigo. Ahora, para tratar el dolor y el malestar que sentía en su estómago mantenía una simple y estricta dieta vegetariana. Tampoco bebía alcohol.

En marzo de 1955, casi exactamente un año antes de su muerte, a los 76 años, en Princeton, Einstein escribió una carta que muestra hasta qué punto seguía la dieta hasta el final de sus días.“Estoy viviendo sin grasas, sin carne, sin pescado, pero me siento bastante bien así”, escribía. “Me parece que el hombre no ha nacido para ser carnívoro.”

Esta sigue siendo una de las teorías de Einstein que todavía debe ser probada.

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